miércoles, 23 de enero de 2013

¿Quién defiende al niño queer?

Las familias heterosexuales fundamentalistas. Defienden el poder de educar a los hijos en la norma sexual y de género, como supuestos heterosexuales. Desfilan para mantener el derecho de discriminar, castigar y corregir toda forma de disidencia o desviación, pero también para recordar a los padres de hijos no-heterosexuales que su deber es tener vergüenza por ellos, rechazarlos y corregirlos. Nosotros defendemos el derecho de los niños a no ser educados exclusivamente como fuerza de trabajo y reproducción. Defendemos el derecho de los niños a no ser considerados como futuros productores de esperma y futuros úteros. Defendemos el derecho de los niños a ser subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexo o raza.

http://kaosenlared.net/america-latina/item/44083-%C2%BFqui%C3%A9n-defiende-al-ni%C3%B1o-queer?.html

viernes, 29 de junio de 2012

Orgullo subversivo, a propósito de las marchas LGBT







Siento orgullo radical y contestario por aquellas memorias rebeldes de muchas personas travestis, lesbianas y mariconas, que con sus cuerpos y deseos disidentes se han opuesto históricamente, incluso arriesgando sus vidas, en contra de la hegemonía heterosexual y su gazmoña moral familista, burguesa y católica. Creo que si hay que conmemorar las revueltas de junio y elevar el sentido del “orgullo”, se debe no a los esfuerzos asimilados por parecer “buenos ciudadanos”, merecedores de propiedad y símiles de las parejas heterosexuales. El “orgullo” del que hablo es aquel que dimana de las locas, de las areperas, de las travestis, de los bichos y los sujetos raros, que han sobrevivido a la persecución policial, al empobrecimiento del capitalismo, al ostracismo social y la muerte.

Ese orgullo de maricas perfumadas con aliento de guerreras combativas, regias e impertérritas que con su felicidad, sus tetas al aire y sus placeres al borde, retan el instrumento melancólico, closetero y normalizador del puño de hierro del estado neoliberal. Siento orgullo por aquellas que han desafiado la pacata moral de la ciudadanía hetero, siento orgullo por aquellas que han reivindicado su poder de desviados, raros y anormales para perforar la mentalidad straight y sus dispositivos binarios. Siento “orgullo” de aquellas que luchan día a día para transformar el orden socio-sexual y de género y no comen de institucionalizaciones, ni de pedir permiso a la policía para armar escandalo y alboroto una vez al año. Siento “orgullo” de los desvergonzados, de esos que exploran placeres más allá de la heteronorma y se atreven a construir amores no hegemónicos, me siento demasiado orgullosa de las travas, de sus cuerpos manifiesto, de sus incansables luchas contra el sistema sexo-género y su desprecio por la “compostura”. Sentir “orgullo” implica no sentirse cómoda con la celebración de la diferencia docilizada de un acrónimo de cuatro letras que exige ser norma, que exige ser visible e incorporada a la maquinaria multiculturalista del estado. Sentir “orgullo” es exceder la imposición de esa diferencia y construir un movimiento social crítico que cuestiona la categoría de “diversos” y dirige sus luchas, deseos, placeres, cuerpos, prácticas y teorías para derrocar el régimen de la heterosexualidad como Natauraleza de lo social. 

miércoles, 13 de junio de 2012

El mainstream LGBT y la re-escritura queer de las historias de lucha




Me atreví a traducir, con muchos errores (traducir siempre es una traición jejej), un fragmento de la entrevista "Contributors to Captive Genders take on policing, the LGBT mainstream and the re-writing of queer history", realizada por el activista queer Eric Stanley a dos mujeres lesbiana y trans en Estados Unidos que pertenecen a organizaciones de oposición al Complejo Industrial de Prisiones. 

Quise traducirla porque en este texto las entrevistadas recuerdan desde una posición crítica cómo la celebración del día del Orgullo gay, las marchas LGBT que se celebran a nivel mundial en el mes de junio, son conmemoraciones de los disturbios ocurridos en Nueva York en 1969 en el bar Stonewall. Es interesante lo que estas mujeres plantean y es que la capa dominante del movimiento LGBT, ha ignorado convenientemente el sentido histórico de estos disturbios, disturbios que se erigieron no desde gays y lesbianas blancos de clase media que querían casarse, formar familias y tener acceso a derechos a la propiedad. No fue así. Ellas nos recuerdan que fueron travestis, putas, lesbianas pobres y racializadas que lucharon en contra de la violencia policial y la represión estatal heterosexista. 

Estos legados de lucha son opacados en la memoria oficial de las llamadas "marchas por la ciudadanía LGBT" y usadas al acomodo del mainstream gay para exigir derechos e inclusión en el mismo aparato estatal que históricamente ha sido hostil con las personas con identidades sexuales y de género no normativas. Sigue vigente la crítica aquí expuesta, ya que somos las personas trans, pobres y racializadas las más azotadas por la policía, el sistema carcelario y los asesinatos. Esta maravillosa entrevista nos pregunta y nos cuestiona sobre la "institucionalización" de nuestras luchas por la disidencia sexual, nos pregunta por la memoria y la historia de los legados de oposición al estado neoliberal y llama la atención sobre la necesidad de reactivar los disturbios como formas de acción política, "Que yo sepa, los disturbios no existen en el reino de la respetabilidad. Mi respuesta inicial es que la única forma ética de recordar el Stonewall es con otro disturbio." Espero que sea útil y reavive el debate! 




- Un tip para leer la entrevista: Cuando se refieren a "personas queer" en el texto no están hablando de lo "queer" como identidad, como se suele hacer en las interpretaciones académicas en América Latina. El "queer" del que hablan acá son formas de autodenominación de las comunidades estigmatizadas sexualmente en California, estados Unidos: gays, lesbianas, maricones, dykes, homosexuales, trans, etc. Se utiliza queer para generar distancia con la categoría LGBT, una categoría dominante y dotada de exclusiones e invisibilazciones. 


Eric Stanley: Ahora estamos en el 42avo aniversario del levantamiento de Stonewall y parece que para muchas personas trans y queer, específicamente aquellas marginalizadas por las políticas dominantes LGBT, poco ha cambiado su situación en términos de acoso y abuso policial, encarcelamiento y las formas en que el Complejo Industrial de Prisiones destruye las posibilidades trans y queer. Obviamente las celebraciones corporativas del orgullo gay no son la respuesta, entonces, ¿Cómo creen ustedes dos que deberíamos situar a Stonewall y su conmemoración en el presente?

Yasmin Nair: Bien, para empezar, me gustaría que pensáramos más allá y fuera de Stonewall. Claramente este fue un evento importante e histórico que pretenciosamente se ha creído el único y singular evento que de algún modo causó un levantamiento radical, que luego cambió la historia queer para siempre y borro de facto que dichos momentos de protesta ya estaban sucediendo incluso antes que Stonewall, como en los disturbios de 1966 en la cafetería Compton en San Francisco, o en las redadas que ocurrieron en el bar The Trip en 1968 en Chicago.

Dicho esto, la conmemoración de Stonewall o de cualquier levantamiento queer nos presenta problemas adicionales: en una mano, los gays las lesbianas en posiciones de privilegio y algunos activistas hetero continuamente borran la realidad y es que dichas protestas iniciaron ampliamente por las luchas de las personas trans, las prostitutas, drag Queens, drag Kings, gente racializada, gente muy pero muy furiosa, reinas y mariconas, precisamente ese tipo de personas desadaptadas y perversas que el movimiento LGBT dominante pretende no ver y no reconocer.

Por otro lugar, algunos activistas como nosotros trabajamos para reinstalar las figuras centrales del Stonewall y otros eventos y recordarle al mundo que el Stonewall no fue una campaña por los Derechos Humanos, ni tampoco un alzamiento para recibir fondos. Me preocupa nuestra asunción no cuestionada de que por el simple hecho de recuperar nuestros “héroes olvidados”, este sea en sí mismo un acto radical. Sí, esa resistencia a la autoridad fue profundamente importante pero ¿cuáles fueron sus efectos a largo plazo? Y ¿Cómo esa resistencia se convirtió eventualmente en una lucha anti-capitalista y a la vez un movimiento anti-carcelario? Bien, sabemos que eso no sucedió, y lo que veo una y otra vez es un tipo de recuperación que toma la forma de: “Stonewall fue un disturbio” o “No olvidemos a las drag Queens”, pero nada más allá de un reclamo fetichista de la identidad sexual como un tipo de marcador originario de políticas radicales. Estoy impresionada por los movimientos que desafían el status quo, pero también necesito ser clara sobre qué representa determinado desafío y contra quién se dirige.

42 años más tarde, aun seguimos viendo a las personas queers y también a algunos hetero, siendo señaladas como “delincuentes sexuales”, aun seguimos viendo el crecimiento del Complejo Industrial de Prisiones en su capacidad de generar ganancias del encarcelamiento de las personas más vulneradas del sistema económico y político, y ahora vemos el caso de personas que son enviadas a prisión por deudas, una resurrección de la antigua ley que castigaba a personas por ser deudoras. Muchas personas queer, especialmente aquellas que no son conformes y que no pueden encontrar empleos con beneficios médicos y seguridad social, terminan en la miseria, muchas de las drag Queens y las prostitutas que participaron de los alzamientos terminaron en la privación más absurda. No estoy interesada en recuperar a cualquiera de ellas como heroínas perdidas; quiero ver mayor discusión sobre la situación de que ellas no solamente fueron jodidas por un sistema que restringía su identidad sexual, quiero forzarnos a reconocer el papel que ha jugado el capitalismo en todo esto.

Francamente, estoy sufriendo de fatiga de tanto héroe, y estoy cansada de las marchas del Orgullo, aun cuando estas resisten la toma del poder corporativo, nunca van más allá de una idea vagamente sexualizada de una celebración “radical”, que nada nos aporta en la producción de pensamiento crítico que nos haga despertar de la pesadilla neoliberal en la que estamos viviendo.

Yo creo que el Orgullo debería convertirse en una ocasión para que las personas queer empiecen a poner en escena sus propios Orgullos sin el apoyo económico de las corporaciones ni del capitalismo gay, pero con una consciencia crítica de la relación que tiene la política económica y el racismo con la devastación de nuestras vidas. Actualmente en Chicago, de momento, tenemos una marcha alternativa de “areperas” (dykes), pero se convirtió, a lo largo de la década, en un evento predominantemente blanco y de clase media. Aun cuando se cambiaron los espacios (Primero del lado predominantemente Latino, luego al lado sur Afro-americano) hay un gran acuerdo para hablar de políticas alternativas, pero no mucha conversación consciente sobre lo que significa, esencialmente, establecer una marcha “arepera” en estas comunidades y el no muy explícito vínculo que se quiere realizar con las personas, incluyendo a las personas queer, que viven allí. A pesar de que una vez al año “nos tomamos las calles” esto no es suficiente, no sólo se trata de cumplir con una institucionalización de las luchas que han querido montar los gays y las lesbianas dominantes, las luchas así vistas corren el riesgo de desaparecer. He estado en la marcha “arepera” alternativa tres veces en los últimos cuatro años, y puedo ver su valor como un tipo de espacio y red de lucha anual como herramienta para gente queer con políticas alternativas, pero me gustaría arrojar la pretensión de que cambiando el escenario urbano se hacen apuestas “alternativas”, es mucho más que marchar desde otros puntos de la ciudad, si no hay política de oposición al régimen capitalista, heterosexual y racista, repetiremos el mismo Orgullo vacío en el norte, el sur, el oeste o en donde sea.

También me gustaría ver cada mes (en la medida de lo posible) conjuntos de eventos radicales y acciones que cuestionen la lealtad gay y lesbiana al Complejo Industrial de Prisiones y al capitalismo mientras criticamos nuestra obsesión con la identidad como un marcador de libertad. Al pasar de los años, he visto a gays, lesbianas y algunas personas trans darle su apoyo a las instituciones que encarcelan a los más vulnerables entre nosotros, conformando alianzas con el estado para aumentar penas en los casos de “crímenes de odio” o al ser ciegos y moralistas respecto de las personas queer que desempeñan trabajo sexual y son brutalmente castigadas por la policía. Me gustaría ver más que una conversación explícita acerca de cómo el Complejo Industrial de las Prisiones no sólo castiga a las personas trans y queer, sino que actualmente requiere de su cooperación para poder expandirse. Y sí, me gustaría que pensáramos sobre esto en términos de capitalismo y su retórica de derechos, que abrazamos con facilidad. Notaran que no señalo de manera simple a los gays y a las lesbianas como si fueran estos el problema; creo que muchas personas auto-identificadas como “radicales” concurren en la idea de que, en algún sentido, clamar por una postura “queerness” como una identidad en sí misma es un acto radical. Lo importante es cómo ese acto radical de construir identidades de resistencia se desvanecen cuando no se realiza una lectura crítica del actual contexto racista, neoliberal y asimilado, en el cual muchas personas LGBT están encontrando eco no para transformar su opresión, sino para acomodar sus traseros en el regazo de un estado straight que por generaciones ha sido su principal verdugo.

Ralowe Ampu: En los últimos años donde sea que haya escuchado hablar sobre el recuerdo de los disturbios de la Cafeteria Compton o el Stonewall de personas valientes que buscaban “respeto”, “decencia” y “honor” en sus luchas, me detengo y escucho con la mayor de las sospechas. Que yo sepa, los disturbios no existen en el reino de la respetabilidad. Mi respuesta inicial es que la única forma ética de recordar el Stonewall es con otro disturbio. Hay una idea interesante. Esa idea descansa sobre una memoria política que usa ritmos convenientes que pueden renovar y empapar las luchas, desde otros términos de relevancia que no sean cooptados por la ganancia. Hay una lógica que fetichiza y glamouriza los momentos de insurgencia del Stonewall para el beneficio de sus propias agendas asimilacionistas. No estoy segura del por qué estoy tratando de conciliar mi rabia aquí. Estoy harta de esas celebraciones que ponen en pie de lucha una mirada utilitarista de demanda de derechos, bajo una retórica acomodada que pone nuestros legados de oposición al estado dentro de una lógica institucionalizada. Imponer esta lógica institucional implica controlar nuestra memoria, implica desconocer que los levantamientos del Stonewall fueron luchas de los sometidos por tratar de abrirse un espacio para sí mismos en un contexto de desesperanza y violencia. Yasmin acierta correctamente, la asimilación de la maquinaria dominante gay se ha encargado de reducir estas conmemoraciones en temas de obtención de dinero para la nueva burocracia LGBT y en otros asuntos oportunistas que distorsionan el sentido histórico de los levantamientos. De ahí el mainstream LGBT busca capitalizarse en “decentes” campañas, decentes y condescendientes campañas a favor del matrimonio gay y la inclusión de lesbianas y gays en el ejército, esto, sin duda alguna, es ideológicamente incongruente, y si me perdonas, profanamente vendido. Sin embargo, es en estos tiempos en los que nos toca vivir.

Aquellas de nosotras que nos encontramos desmarcadas por el mainstream gay no tenemos la capacidad de representar el Stonewall como una batalla en contra del poder policial porque el mainstream gay reproduce las narrativas hegemónicas del estado. Tú y yo podríamos juntas hacer unos fanzines, botarlos, pegarlos en la ciudad o lo que sea quejándonos por la usurpación neoliberal de nuestras memorias, pero aun así, por el mismo hecho de estar desenmarcadas, nuestros actos recibirían poca atención de los medios de comunicación a nivel global. Este “aniversario” no merece algo menos. Así como el tiempo pasa deberíamos estar pensando profunda y críticamente sobre las implicaciones que este disturbio generó en la desestabilización del estatus quo. Preservar esa memoria radical es lo que se merece este “aniversario”. De ahí que crea que aquellas de nosotras que estamos marginalizadas debamos seguir pensando en intervenciones radicales. ¿Cómo serán estas? Se hace crítico recuperar nuestra fuerza de travestis, de raras, de queers, de lesbianas, de gente de color y soñar con la transformación porque es la mejor forma de conmemorar Stonewall sin caer en el engaño de que esta fue una lucha a favor del “progreso”, los derechos y el picado de ojo de este estado represor.    

martes, 10 de abril de 2012

Declaración Travestis Feministas, XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe



Texto leído por Lohana Berkins en la plenaria final del XI Encuentro Feminista de Latinoamericano y El Caribe. México D.F. Marzo de 2009

Estimadas Compañeras

Las travestis, transgéneros, transexuales y mujeres que tenemos la dicha de compartir este espacio con todas celebramos la realización de este evento y sobre todo celebramos la presencia de todos los feminismos y todas las feministas,}

No somos ni nos consideramos nuevos sujetos o nuevas sujetas del feminismo. Somos diversas travestis, transexuales, transgéneros, muxes, mujeres, vestidas, parecidas, colitas y los miles de nombres distintos que toman nuestras identidades, Estamos aquí porque como todas la presentes, somos feministas cada una a su modo y gusto.

También somos lucha, resistencia, nombres propios, somos cuerpos y pasiones feministas enfrentando al sistema patriarcal que nos oprime a veces de manera idéntica y otras veces de manera diferente a como oprime a cada persona, sujeta o sujeto que no encaja en sus parámetros normativos de privilegio.

Levantamos todas las banderas de nuestras luchas: por la despenalización del aborto, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros placeres, sobre nuestras sexualidades, sobre nuestras historias, sobre nuestras identidades.

Condenamos la trata y la explotación infantil, somos personas que el patriarcado pone en situación de prostitución, pero que no aceptamos la prostitución como un destino, exigiendo que se nos reconozca como fuerza productora de trabajo.

Somos feministas de la diferencia y también de la igualdad, feministas de la autonomía. Autonomía de los poderes para decidir sobre nuestros propios cuerpos, a transformarlos, a travestirlos.

Somos lesbianas, heterosexuales, travestis, transexuales, bisexuales, transgéneros, intersex. Somos las que nos enfrentamos al patriarcado todos los días en todos nuestros actos.

Somos negras, indígenas, mujeres judías y palestinas, somos putas, somos pobres, campesinas, somos jóvenes, somos viejas, somos feministas de todos los colores existentes

Rechazamos la criminalidad de nuestras identidades a través de leyes represivas, códigos contravencionales, códigos de faltas o cualquier otra ley basada en pretendida moral y las buenas costumbres,.

Rechazamos todos los fundamentalismos aun los propios que sostienen el biologicismo como un destino e invitamos a desdibujar los márgenes de los cuerpos, las subjetividades. Los deseos.

Exigimos que se reconozca nuestra historia y nuestro activismo, contra todas las opresiones, no solo por quienes nos oprimen sino entre quienes son compañeras de lucha. Exigimos también estados laicos porque entendemos que sin la injerencia de la religión muchas opresiones dejarían de existir.

Exigimos derecho a la educación, a la salud, a la vivienda para todas nosotras como un derecho humano inalienable, porque defender los derechos humanos de mujeres travestis, transexuales, lesbianas, vestidas, colitas y tantas más, es defender los derechos humanos.

Celebramos la presencia en este encuentro de las artistas y en especial de las cabareteras porque creemos que el humor y la irreverencia son profundamente feministas.

martes, 3 de abril de 2012

Monstruosa..

Últimamente el "amor" como un tema de interés político y cultural se ha adueñado de mis reflexiones más profundas y de mis sensaciones humanas más desgarradas. ¿Por qué siento que soy tan monstruosx? ¿Por qué siento que todo se fue al abismo en el momento en el que me dejaron de "amar"? ¿Por qué, aún cuando tengo tanta teoría feminista en la cabeza no logro deconstruir ese sistema amoroso opresor, capitalista y generador de dependencias que tantas mujeres a lo largo de la historia han denunciado? Quisiera poder recuperarme por completo, recuperarme a mí misma y no perder más el tiempo buscando más allá de mi mismx, por ahora quiero llorar.. Prometo volver sobre el tema del amor y su matriz dominocéntrica, antes debo cerrar heridas...


jueves, 16 de febrero de 2012

ME CAGO EN BOGOTRANS!


Los cuerpos de las mujeres Trans son cuerpos ligados violentamente al espectáculo, a la visión vigilante y alienante, cuerpos ligados a la mirada autorizada de la toda poderosa hegemonía heterosexual. Nuestros cuerpos son observados y examinados por el poder médico, violados por el garrote de la policía, prohibidos por nuestras familias, ignorados y enseñados como desviación en los colegios, satanizados por la iglesia; nuestros cuerpos son mirados con lascivia en las frías noches de las calles y vapuleados hasta la muerte en los días más soleados. Nuestros cuerpos son el depósito de la burla, la exhibición, el sexo y la muerte. No merecemos respeto. Llego a esta horrible –y no nueva- conclusión luego de venir de “Bogotrans”, un espacio en el que desde hace un tiempo se vienen presentando y venerando imágenes normalizadas y adecuadas de las mujeres Trans, listas para excitar el capitalismo consumista de lo exótico, lo “multicultural”, lo “otro”.

Nunca se puede ser ingenua cuando una empresa con fines lucrativos, negocio o industria, habla de cuerpos estigmatizados y periféricos para “incluirlos” y brindarles “oportunidades”. No pensar en los réditos económicos y simbólicos que se derivan de devorar al “otro”, implica ser tan ingenua como creer que una discriminación estructural e histórica va a desaparecer y generar dignidad de un momento a otro, por el simple hecho de mostrar tu cuerpo en una pasarela…. La industria de la moda se ha caracterizado por modificar los patrones, las disposiciones y las formas de apreciación de los cuerpos y su indumentaria como principal objetivo; terreno que se ha fertilizado con la incorporación de lo “exótico” para multiplicar las ventas, generar nuevos “looks” y ganar millones de dólares [Recordemos cómo la industria de la moda cooptó en los 70 los significados del peinado afro y también la subcultura punk].

Casualmente en Bogotrans, un evento organizado en el marco de la Semana Internacional de la Moda de Bogotá, organiza todo un “show”, sí un “show” al mejor estilo de circo de pueblo donde se exhibe lo raro, lo Otro, como lo vendible, lo excitable, lo productor de incertidumbre. La moda y su discurso barato de “inclusión” sólo busca hacernos pensar que las inequidades económicas y las puertas cerradas al mercado laboral, se abren repentinamente  para las Trans y se aseguran abiertas para siempre, por ser evidenciadas como muñequitas anoréxicas y “bien puestesitas”, sonriendo y caminando en elevados tacones, frente a tarúpidos-espectadores, que quieren ver “hombres disfrazados de mujer ”.

Me carga que sean estos espacios de voces privilegiadas los que vengan a presentarse como salvadores de “pobres mujeres oprimidas”. Odio que sean los señores capitalistas que cargados de “buenas intenciones” nos hablen de oportunidades de reconocimiento y trabajo, cuando fuera del mundo de las pasarelas y los diseños de moda nos morimos de hambre, violencia y dolor. Son miles los cuerpos Trans que no tenemos acceso a la ciudadanía, ni a un empleo digno, a menos que seas “bonita”, “barbie”, con un alto capital económico y cultural y sepas caminar y quedarte callada como una tumba en medio de una pasarela circense. Algunxs me reprocharan que su sueño Trans es devenir “muy mujer”, ser una modelo, una princesa y demás, afirmo que defenderé a placer cualquier síntoma de expresión y lucha por alcanzar la autonomía corporal y la auto-designación de género, pero lo que no puedo defender es que se aplauda y se ensalce el modelaje, la pasarela y el mercado explotador de cuerpos de la moda, como la panacea de la redistribución económica y la restitución histórica de derechos para las mujeres Trans. Lo que vi fue un continuum entre los circos, como institución creada para la administración de los cuerpos anormalizados del siglo XIX y las nuevas pasarelas de moda para travestis y transexuales del capitalismo ornamental contemporáneo. Seguimos siendo ese pedazo de carne raro que produce beneficios económicos para presuntos “salvadores”, que quieren lucrarse con nuestros cuerpos realizando actos de beneficencia o como lo llama el discurso neoliberal, de “inclusión”. Me cago podridamente en esto!

Quisiera que en vez de tanta pasarela, tanto discurso meloso y arrimado, se hable, como lo hizo el profesor Salvador Vidal, invitado al encuentro “académico” del Bogotrans, de una subversión en los significados del trabajo: Las mujeres Trans no sólo están en la prostitución y la peluquería como principal medio laboral por efectos de marginación del hetero-patriarcado y el capitalismo tardío, también son espacios de posibilidad para afirmar cuerpos propios y cimarronajes identitarios hacia el género deseado. El capitalismo multicultural ha emprendido una campaña “civilizatoria” contra las mujeres Trans: nos quieren “putas”, nos quieren “peluqueras”, nos quieren “muertas”…  pero también  nos quieren “productivas y explotables”, nos quieren “dóciles”, “bellas”, “hiper-mujeres”, consumibles para el espectador voyeur, vendibles para los mass media, normalizadas para la opinión pública. Nuestras historias de opresión e injustica se van a la basura del olvido cuando le apostamos a tragarnos por completo las promesas de “inclusión” del amo. Nuestros cuerpos-manifiesto de trangresión y rebeldía contra el sistema sexo/género, están siendo convertidos en la pasarela violentada por la cual desfila la inmoral desfachatez  del capitalismo hetero.

Las mujeres Trans no necesitamos que nos incluyan en un nuevo target de mercado, ni que se interesen en convertirnos en objeto publicitario para fabricarnos en consumidoras y luego sí en ciudadanas. No se trata de inclusiones, de oportunidades laborales en nichos feminizados y por lo tanto subordinados, ni tampoco se trata de obtener “visibilidad” en la sociedad bajo su óptica exotizante y consumista. Sueño con que nuestro desafío corporal a las estructuras del género, el sexo y la sexualidad, hagan estallar el heteropatriarcado y no que nuestros cuerpos hagan estallar de risa al mundo del espectáculo. Sueño que los desfiles los construyamos desde el placer de nuestros cuerpos y no desde la “salvación moralizada” que busca borrarnos la mácula de “puta”. Sueño que las pasarelas nos lleven a desfilar como las reinas bellas y regias que somos en contra de todo modelo opresivo de feminidad y masculinidad, no hemos arriesgado el culo y el pellejo en esta sociedad de machos-fachos para quedarnos cómodamente recluidas en la categoría esclava de “mujer”, no! Sueño que podamos exhibir nuestros cuerpos para reclamar una sociedad más justa, sin explotación capitalista y sin ciudadanías restrictivas. Sueño que nos pensemos la posibilidad de desfilar y hacer pasarela hacia las cárceles, donde miles de amigas y compañeras Trans son criminalizadas y echadas a la basura porque son pobres, racializadas, patologizadas y odiadas. Sueño que nuestra atención no se enfoque en las luces fantásticas y deslumbrantes de las pasarelas de la moda, sino que nuestros ojos miren hacia el hoyo negro en el que nos han depositado, para encontrar una luz que algún día nos permita ser lo que queramos!

lunes, 3 de octubre de 2011

"LOQUITA DE PIEL CANELA": MICROHISTORIA DE UN PUTO DESDE EL ENCIERRO CARCELARIO



A sus 15 años de edad Kike incursionó en el mundo de la prostitución masculina, salió de casa buscando un mejor horizonte, lejos de los maltratos familiares. Fue en el 2004 que empezó a tener sexo con hombres por dinero, el mismo año en que abandonó la escuela cuando cursaba 5° de primaria. Escuchó de sus compañeros de colegio que en el Terraza Pasteur, en el centro de Bogotá, los “niños” eran bien cotizados por los “viejos morbosos”, allá “trabajando con el cuerpo”, podría hacerle el quite a la pobreza, al hambre y la soledad, ganando algún dinero, “dando culo al hombre por plata”. Se paraba en las columnas de este célebre centro comercial capitalino, a la espera de un cliente advenedizo que se dejara seducir por sus encantos infantiles. Su rostro de niño representaba un tesoro para los clientes de la zona, un tesoro incierto, tímido, la última carta de supervivencia. Esperar en las esquinas a que caiga algún cliente no es tarea fácil, a veces solo quedaba aguantar hambre o dormir en una que otra banca. Era la lucha cotidiana, la desesperación consuetudinaria por hacer los 10.000$ de la pieza del hotel, del pucho de marihuana o el cachito de bazuco; difíciles jornadas de trabajo, donde su “culito tierno de niño”, era la única forma de agarrarse a la vida en las necróticas y turbulentas calles de la ciudad.  

Todo tipo de clientes llegaban al Terraza, hombres viejos, algunos con plata, otros vaciados, algunos jóvenes y simpáticos, otros “viciosos” y aprovechados. Todos buscando un “polvo”, buscando “saciar la pasión y la arrechera”. Los abusivos, dice Kike, pagaban mal o simplemente se acostaban con él y no pagaban, a todo le hacía, lo importante era tener plata para comer. Lo peor que puede sucederle a un puto es que se enamore de su cliente… Durante un tiempo Kike recibió la ayuda de la fundación “Renacer”, institución encargada de proteger a los niños víctimas de la explotación sexual, allá le enseñaban a tener “sexo seguro y protegerse” y le advertían a lxs niñxs que esa vida “no es buena”, pero las soluciones materiales nunca llegaban.

La calle no era más que violencia, la policía y los transeúntes odiosos molestaban, agredían e insultaban a los putos del Terraza, Kike los cataloga como “homofóbicos”, no dejaban trabajar, no permitían pararse en las esquinas, injusticias diarias “porque uno no tiene más donde pararse es lo único que le puede dar a uno el pan de cada día”. Encaletado en su chaqueta Kike guardaba un cuchillo para defenderse, los clientes, en ocasiones lo golpeaban, no pagaban por las horas de  placer. Robarlos o “cargárselos” aseguraba la pasta para la reproducción de la vida. No todo era oscuro, algunos clientes eran “regios, muy buena gente, me proponían que me fuera a vivir con ellos”, eran cariñosos, complacientes y daban buenas propinas, pero siempre eran “viejos morbosos”. No recuerda bien como fue el primer día en esta actividad, sólo sabe que se sintió mal por “dar cuerpo a otro sin conocerlo por la plata”. Todos los días trabajaba, los riesgos de ser cogido por la policía eran constantes. Dice que este trabajo se caracteriza por ser “solitario”, hecho que se expresa en cuanto nadie de sus amigos “locas” lo han ido a visitar a la cárcel desde que está allí. Trabajar en la calle es pararse “junto a personas envidiosas y llenas de conflictos”, sus compañeras de la calle eran “niñas, travestis y puticas del centro.”, algunos también han estado en la cárcel.

Kike cree que “putear” no es un trabajo, es la “vida fácil, plata maldita”, esa plata se le iba en droga y rumba, a veces lograba sacar diariamente 100.000$ acostándose con 5 clientes, pero eso “no es vida pa’ ninguno” . Un día mientras esperaba en el Terraza con la pinta puesta para trabajar y ansioso por levantar algún cliente, Kike fue objeto de una agresión homofóbica, unos hombres que pasaban por ahí le gritaban “loca hijueputa lo vamos a matar”, le propinaron una terrible golpiza, le apuñalaron, le rompieron la boca y le quitaron algunos dientes, quedó destrozado y ensangrentado, cuando llegó la policía lo culparon a él por andar puteando y tener antecedentes como ladrón, total impunidad con sus agresores. Kike con tristeza exclama que “jamás volví a reír tranquilo”. Gritó con fuerza en busca de ayuda, salir de “esa vida” era un anhelo esquivo que nunca se escuchó por los oídos de otros, la experiencia subalterna por antonomasia.

Le pregunté a Kike sobre el color de su piel, acerca de las marcas de mestizo que posee y los sentidos que le adjudica a esta identidad etno-racial. De inmediato la asoció con su paso por la prostitución, la piel se convirtió en una forma de recordar y crear memoria. Kike dice tener una piel “muy llamativa”, no la cambiaría por nada, dice que la piel evoca en su cuerpo una “historia de vida dura, fea y buena a la vez”. Recién llegado al universo de la prostitución tuvo una temporada de importante éxito, en una ocasión obtuvo de un solo polvo 300.000$ Con este dinero se proveyó de alimento, techo y vestido, estaba satisfecho y no quería acostarse, por ese día, con otros clientes. Un hombre joven, lindísimo, montado en un carro último modelo pasó por el Terraza, era un carro color blanco, se estacionó sobre la calle 23 y le preguntó a Kike si quería irse a follar con él. Kike le dijo que se iba con una condición, a saber, que le diera más dinero o el mismo que tenía en ese momento en sus bolsillos, si no, no. El hombre del carro no tenía los 300.000$ que Kike pedía y se fue ofuscado. En aquel instante un compañero de la zona, una loca, le gritó a Kike: “Loca hijueputa es que tiene mucha”, con rabia se dio la vuelta y le replicó a la loca, que si quería que se “regalara” él. Kike lo abofeteó, le rompió la cara y le dejó un ojo negro.

Pasaron dos años de “camas de hotel barato, polvos jartos y cuchos verdes”, ese día en que Kike fue atacado por los “homofóbicos” nadie estuvo ahí para auxiliarlo, esa loca insospechada a la que había golpeado años atrás, en un acto de solidaridad impensado le extendió la mano, le dio 15.000$ para que fuera al hospital y se hiciera curar. Desesperado y con sangre en su rostro llegó hasta Medicina Legal y no lo atendieron, con el dinero, la cara rota y el espíritu molido, Kike se sentó en una olla del centro a fumarse la plata, “me senté en la olla, me puse a fumar bazuco, me puse a fumar y a llorar”. Ese día Kike pensó “hasta aquí llegó mi vida, ya me acabaron lo mejor que tenía ya no me importaba nada más”. Fumó por tres días y lloró por tres días, al despertar del soporífero efecto de la droga llamó a su amiguito la loquita, su nombre era Jhon.

Jhon acogió a Kike, lo llevó a su casa, le dio de comer, lo vistió y curó sus heridas, tanto las del “corazón y las del cuerpo”. Jhon confió en Kike, “me daba hasta 2.000.000 de pesos para que se los consignara al banco y yo le rogaba a dios para que el diablo cochino no me tentara”. Jhon era un joven simpático, alto, de ojos brillantes y “bien montado”, un “putico 100% bonito”. Todo el mundo decía que él y Kike tenían el mismo color de piel, un capital erótico ceñido a la existencia corporal misma. Todo marchó bien, compartieron compañeros, amantes, clientes, sueños, noches de rumba y cocaína. Gracias a la similitud de color de piel, Kike encontró beneficios incalculables con clientes que lo confundían con Jhon y pagaban bien por sus servicios, ese color de piel, dice Kike, “me convirtió en esa loquita de piel canela, como morenita, que se las hacía todas”. La piel habla y en este caso las marcas del mestizaje se convierten en mecanismo para la subsistencia. Kike pareció encontrar un santuario de paz en medio de la violenta y precaria vida de la calle. Una noche Jhon no volvió a casa, pasaron las horas y no apareció, lo hallaron muerto, tenía dos tiros, uno le atravesó la mano, el otro el corazón. Dicen que lo mataron unos “manes que hacían limpieza social”      

Llorando junto al cuerpo fallecido de Jhon, Kike le ofreció disculpas por haberlo golpeado una vez y le agradeció amorosamente por haberle dado ayuda, fue el único que se la dio. “Se lo agradezco con el corazón, nunca lo olvido y la verdad nunca lo olvidaré”, su recuerdo lo lleva en la piel, un recuerdo que duele y señala la ausencia de esperanza. Cuando Kike salga de la cárcel piensa en ir a Barranquilla de donde era oriundo Jhon y donde fue enterrado, “quiero ir a saludarlo, sentarme a llorar un rato con él, llorar en su tumba, pagarle una misa y entregarme a él cuando salga, mi único amigo”.

La última vez que hablé con Kike le llevé una ropa que le conseguí. No era la mejor ropa pero estaba en buen estado, hablamos y me dijo que necesitaba más ayuda, estaba quedándose en casa de un familiar pero tenía que salir pronto de allí. Se sale de la cárcel pero ella nunca sale de tu cuerpo. El sujeto es cargado con el estigma de la criminalización, con la marca de lo abyecto. Sólo en un par de días Kike regresa al Terraza buscando y vendiendo placeres trashumantes, seguramente con dolor y nostalgia por regresar a esa vida azarosa y aciaga que la cárcel no logró “corregir”. Un día lo llamo a casa de su prima y me entero que Kike yace de nuevo, en tan sólo 15 días de supuesta libertad, encerrado en un calabozo de la UPJ.