Un blog para ABRIR EL ANO como una experiencia de enunciación alternativa, como línea de fuga crítica feminista, queer y descolonial. Un espacio político de ficción para conspirar contra la secuencia SEXO_RAZA_CAPITAL_COLONIALIDAD y masturbarse!
sábado, 23 de marzo de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
Abolir la cárcel de la heterosexualidad obligatoria.
Las cárceles son lugares marginales ubicados en las
zonas periféricas de la imaginación social. La cárcel es en sí misma una
realidad espeluznante, terrible e indeseable. Nadie desea estar, si quiera por
un minuto, tras los barrotes oxidados del olvido, el frío y la zozobra del
injusto sistema carcelario. La cárcel prolifera en imágenes a través de la
televisión y el cine como el lugar cerrado donde impera el mal, como la barrera
que mantiene contenida a los sujetos peligrosos del mundo “libre” y “seguro”, y
como aquel lugar donde se encuentran aislados los “problemas de la sociedad”.
Mucho se habla de las representaciones dominantes
sobre el sistema carcelario, pero poco conocemos del funcionamiento interno de
esta maquinaria devoradora de cuerpos en el contexto actual de hegemonía
neoliberal y de injusticia social. Producir conocimiento crítico sobre las
realidades que experimentan los cuerpos cautivos de las prisiones del país, es
el paso clave para empezar a imaginar un mundo liberado del yugo de la cárcel y
de las opresiones estructurales que la sustentan.
Es preciso engendrar microprácticas de solidaridad
y resistencia en contra de la prisión. Soñar, desde una perspectiva feminista,
antiautoritaria y descolonial, con la abolición del sistema carcelario, no es
una idea descabellada o sin fundamento. La cárcel y su inherente fuerza
reproductora de violencias y desigualdades de género, raza, clase y sexualidad,
requiere de una ruptura epistémica que nos permita cuestionar la ideología de
“reformar” las cárceles para hacerlas más humanas. No necesitamos más o mejores
cárceles para brindarles “condiciones dignas” a las personas privadas de la
libertad. Necesitamos un movimiento radical abolicionista que cuestione la no
ingenua existencia del sistema carcelario y su papel represivo en contra de las
personas excluidas por el capitalismo, sometidas por el sistema etario,
violentadas por el sistema sexo-género, el racismo y la matriz de
heterosexualidad obligatoria.
Las mujeres lesbianas, trans y heterosexuales
enfrentan procesos de minorización, silenciamiento y ostracismo en el sistema
de prisiones. En las cárceles la violencia sexual contra las mujeres se desliza
impune. Las requisas genitales intrusivas, las violaciones, las injurias
sexuales a familiares y visitantes son recurrentes. Los estigmas y estereotipos
que se construyen sobre las mujeres racializadas en las prisiones las convierte
en objetivos sistemáticos de abusos sexuales y racismo. La cárcel constituye
actualmente uno de los pilares estatales de invasión a la autonomía corporal de
las mujeres, así que abolir el sistema carcelario representa para las teorías y
prácticas feministas latinoamericanas, decoloniales y transnacionales, una de
las tareas éticas y políticas más apremiantes para hacerle frente a los
procesos de neocolonización y dominación masculina global en el siglo XXI.
La descolonización del yugo punitivo del Estado y
de sus aparatos carcelarios y policivos debe enfrentarnos a lo que la feminista
Negra norteamericana Audre Lorde llamó la
interdependencia de diferencias múltiples no dominantes. En las cárceles no
hay hombres y mujeres confinados como si se tratara de categorías de personas
homogéneas. Las diferencias que atraviesan la categoría “mujeres” (así como la
de “hombres”) nos debe obligar a desprendernos de nuestros puntos ciegos y a
cuestionar nuestros privilegios para comprender cómo los regímenes de
raza/racismo/racialización, edad, clase y sexualidad se intersectan generando
situaciones diferenciales de opresión y resistencia en las cárceles. La
diferencia es esa conexión en carne viva y poderosa de la que se fragua nuestro
poder personal.
Para muchas feministas traspasar las barreras de la
matriz de heterosexualidad aún resulta doloroso, cuando no vergonzante o ajeno.
Muchas veces con el ánimo de victimizar a las mujeres y no reconocer sus
luchas, suprimen o rechazan la posibilidad de encontrar en las prácticas
lesbianas y en las existencias trans, posibilidades de resistencia en el
encierro carcelario. Una práctica abolicionista del sistema carcelario está
ligada al cuestionamiento radical de la heterosexualidad obligatoria como
régimen de control político y no simplemente como una “orientación sexual”.
En las cárceles la violencia heterosexista contra
las mujeres lesbianas y trans las somete al silencio, al control y a procesos
de reinscripción forzada en el binarismo de género o a la asunción de la
heterosexualidad. Abolir las cárceles es un proceso que no puede desligarse de
la fantasía política de abolir las jerarquías, las identidades sexuales
obligatorias y las prescripciones del género. Proliferar resistencias
mariconas, travestis y lesbianas en contra de la cárcel nos ha de llevar a la
exploración de placeres creativos y contestatarios, como una insignia radical
de desobediencia en contra de la cárcel simbólica y material del régimen
heterosexual.
Abolir las prisiones ha de ser una lucha por la
descolonización de nuestros cuerpos, de nuestros placeres, saberes y visiones
del mundo. Así como fue abolida la esclavitud en el siglo XIX es necesario
aniquilar la esclavitud carcelaria del sistema de prisiones capitalista del
siglo XXI. En nuestras manos, en nuestros cuerpos y en la capacidad de generar
puentes a través de las diferencias no otrificadoras y creativas, reside el
poder para engendrar un mundo sin muros
ni rejas y empezar a construir un presente libertario, colectivo, solidario y
desestabilizador.
miércoles, 23 de enero de 2013
¿Quién defiende al niño queer?
Las familias heterosexuales fundamentalistas. Defienden el poder de educar a los hijos en la norma sexual y de género, como supuestos heterosexuales. Desfilan para mantener el derecho de discriminar, castigar y corregir toda forma de disidencia o desviación, pero también para recordar a los padres de hijos no-heterosexuales que su deber es tener vergüenza por ellos, rechazarlos y corregirlos. Nosotros defendemos el derecho de los niños a no ser educados exclusivamente como fuerza de trabajo y reproducción. Defendemos el derecho de los niños a no ser considerados como futuros productores de esperma y futuros úteros. Defendemos el derecho de los niños a ser subjetividades políticas irreductibles a una identidad de género, sexo o raza.
http://kaosenlared.net/america-latina/item/44083-%C2%BFqui%C3%A9n-defiende-al-ni%C3%B1o-queer?.html
http://kaosenlared.net/america-latina/item/44083-%C2%BFqui%C3%A9n-defiende-al-ni%C3%B1o-queer?.html
viernes, 29 de junio de 2012
Orgullo subversivo, a propósito de las marchas LGBT
Siento orgullo radical y
contestario por aquellas memorias rebeldes de muchas personas travestis,
lesbianas y mariconas, que con sus cuerpos y deseos disidentes se han opuesto
históricamente, incluso arriesgando sus vidas, en contra de la hegemonía
heterosexual y su gazmoña moral familista, burguesa y católica. Creo que si hay
que conmemorar las revueltas de junio y elevar el sentido del “orgullo”, se
debe no a los esfuerzos asimilados por parecer “buenos ciudadanos”, merecedores
de propiedad y símiles de las parejas heterosexuales. El “orgullo” del que hablo
es aquel que dimana de las locas, de las areperas, de las travestis, de los
bichos y los sujetos raros, que han sobrevivido a la persecución policial, al
empobrecimiento del capitalismo, al ostracismo social y la muerte.
Ese orgullo de maricas perfumadas
con aliento de guerreras combativas, regias e impertérritas que con su
felicidad, sus tetas al aire y sus placeres al borde, retan el instrumento
melancólico, closetero y normalizador del puño de hierro del estado neoliberal.
Siento orgullo por aquellas que han desafiado la pacata moral de la ciudadanía
hetero, siento orgullo por aquellas que han reivindicado su poder de desviados,
raros y anormales para perforar la mentalidad straight y sus dispositivos
binarios. Siento “orgullo” de aquellas que luchan día a día para transformar el
orden socio-sexual y de género y no comen de institucionalizaciones, ni de
pedir permiso a la policía para armar escandalo y alboroto una vez al año. Siento
“orgullo” de los desvergonzados, de esos que exploran placeres más allá de la
heteronorma y se atreven a construir amores no hegemónicos, me siento demasiado
orgullosa de las travas, de sus cuerpos manifiesto, de sus incansables luchas
contra el sistema sexo-género y su desprecio por la “compostura”. Sentir “orgullo”
implica no sentirse cómoda con la celebración de la diferencia docilizada de un
acrónimo de cuatro letras que exige ser norma, que exige ser visible e incorporada
a la maquinaria multiculturalista del estado. Sentir “orgullo” es exceder la
imposición de esa diferencia y construir un movimiento social crítico que
cuestiona la categoría de “diversos” y dirige sus luchas, deseos, placeres,
cuerpos, prácticas y teorías para derrocar el régimen de la heterosexualidad
como Natauraleza de lo social.
miércoles, 13 de junio de 2012
El mainstream LGBT y la re-escritura queer de las historias de lucha
Me atreví a traducir, con muchos errores (traducir siempre es una traición jejej), un fragmento de la entrevista "Contributors to Captive Genders take on policing, the LGBT mainstream and the re-writing of queer history", realizada por el activista queer Eric Stanley a dos mujeres lesbiana y trans en Estados Unidos que pertenecen a organizaciones de oposición al Complejo Industrial de Prisiones.
Quise traducirla porque en este texto las entrevistadas recuerdan desde una posición crítica cómo la celebración del día del Orgullo gay, las marchas LGBT que se celebran a nivel mundial en el mes de junio, son conmemoraciones de los disturbios ocurridos en Nueva York en 1969 en el bar Stonewall. Es interesante lo que estas mujeres plantean y es que la capa dominante del movimiento LGBT, ha ignorado convenientemente el sentido histórico de estos disturbios, disturbios que se erigieron no desde gays y lesbianas blancos de clase media que querían casarse, formar familias y tener acceso a derechos a la propiedad. No fue así. Ellas nos recuerdan que fueron travestis, putas, lesbianas pobres y racializadas que lucharon en contra de la violencia policial y la represión estatal heterosexista.
Estos legados de lucha son opacados en la memoria oficial de las llamadas "marchas por la ciudadanía LGBT" y usadas al acomodo del mainstream gay para exigir derechos e inclusión en el mismo aparato estatal que históricamente ha sido hostil con las personas con identidades sexuales y de género no normativas. Sigue vigente la crítica aquí expuesta, ya que somos las personas trans, pobres y racializadas las más azotadas por la policía, el sistema carcelario y los asesinatos. Esta maravillosa entrevista nos pregunta y nos cuestiona sobre la "institucionalización" de nuestras luchas por la disidencia sexual, nos pregunta por la memoria y la historia de los legados de oposición al estado neoliberal y llama la atención sobre la necesidad de reactivar los disturbios como formas de acción política, "Que yo sepa, los disturbios no existen en el reino de la respetabilidad. Mi respuesta inicial es que la única forma ética de recordar el Stonewall es con otro disturbio." Espero que sea útil y reavive el debate!
- Un tip para leer la entrevista: Cuando se refieren a "personas queer" en el texto no están hablando de lo "queer" como identidad, como se suele hacer en las interpretaciones académicas en América Latina. El "queer" del que hablan acá son formas de autodenominación de las comunidades estigmatizadas sexualmente en California, estados Unidos: gays, lesbianas, maricones, dykes, homosexuales, trans, etc. Se utiliza queer para generar distancia con la categoría LGBT, una categoría dominante y dotada de exclusiones e invisibilazciones.
Eric Stanley: Ahora estamos en el 42avo
aniversario del levantamiento de Stonewall y parece que para muchas personas
trans y queer, específicamente aquellas marginalizadas por las políticas
dominantes LGBT, poco ha cambiado su situación en términos de acoso y abuso
policial, encarcelamiento y las formas en que el Complejo Industrial de
Prisiones destruye las posibilidades trans y queer. Obviamente las
celebraciones corporativas del orgullo gay no son la respuesta, entonces, ¿Cómo
creen ustedes dos que deberíamos situar a Stonewall y su conmemoración en el
presente?
Yasmin Nair:
Bien,
para empezar, me gustaría que pensáramos más allá y fuera de Stonewall. Claramente
este fue un evento importante e histórico que pretenciosamente se ha creído el
único y singular evento que de algún modo causó un levantamiento radical, que luego
cambió la historia queer para siempre y borro de facto que dichos momentos de
protesta ya estaban sucediendo incluso antes que Stonewall, como en los
disturbios de 1966 en la cafetería Compton en San Francisco, o en las redadas
que ocurrieron en el bar The Trip en 1968 en Chicago.
Dicho esto, la conmemoración de
Stonewall o de cualquier levantamiento queer nos presenta problemas
adicionales: en una mano, los gays las lesbianas en posiciones de privilegio y
algunos activistas hetero continuamente borran la realidad y es que dichas
protestas iniciaron ampliamente por las luchas de las personas trans, las
prostitutas, drag Queens, drag Kings, gente racializada, gente muy pero muy
furiosa, reinas y mariconas, precisamente ese tipo de personas desadaptadas y
perversas que el movimiento LGBT dominante pretende no ver y no reconocer.
Por otro lugar, algunos activistas
como nosotros trabajamos para reinstalar las figuras centrales del Stonewall y
otros eventos y recordarle al mundo que el Stonewall no fue una campaña por los
Derechos Humanos, ni tampoco un alzamiento para recibir fondos. Me preocupa
nuestra asunción no cuestionada de que por el simple hecho de recuperar
nuestros “héroes olvidados”, este sea en sí mismo un acto radical. Sí, esa resistencia
a la autoridad fue profundamente importante pero ¿cuáles fueron sus efectos a
largo plazo? Y ¿Cómo esa resistencia se convirtió eventualmente en una lucha anti-capitalista
y a la vez un movimiento anti-carcelario? Bien, sabemos que eso no sucedió, y
lo que veo una y otra vez es un tipo de recuperación que toma la forma de: “Stonewall
fue un disturbio” o “No olvidemos a las drag Queens”, pero nada más allá de un
reclamo fetichista de la identidad sexual como un tipo de marcador originario
de políticas radicales. Estoy impresionada por los movimientos que desafían el
status quo, pero también necesito ser clara sobre qué representa determinado
desafío y contra quién se dirige.
42 años más tarde, aun seguimos
viendo a las personas queers y también a algunos hetero, siendo señaladas como “delincuentes
sexuales”, aun seguimos viendo el crecimiento del Complejo Industrial de Prisiones
en su capacidad de generar ganancias del encarcelamiento de las personas más
vulneradas del sistema económico y político, y ahora vemos el caso de personas
que son enviadas a prisión por deudas, una resurrección de la antigua ley que
castigaba a personas por ser deudoras. Muchas personas queer, especialmente
aquellas que no son conformes y que no pueden encontrar empleos con beneficios
médicos y seguridad social, terminan en la miseria, muchas de las drag Queens y
las prostitutas que participaron de los alzamientos terminaron en la privación
más absurda. No estoy interesada en recuperar a cualquiera de ellas como
heroínas perdidas; quiero ver mayor discusión sobre la situación de que ellas
no solamente fueron jodidas por un sistema que restringía su identidad sexual,
quiero forzarnos a reconocer el papel que ha jugado el capitalismo en todo
esto.
Francamente, estoy sufriendo de
fatiga de tanto héroe, y estoy cansada de las marchas del Orgullo, aun cuando estas
resisten la toma del poder corporativo, nunca van más allá de una idea
vagamente sexualizada de una celebración “radical”, que nada nos aporta en la
producción de pensamiento crítico que nos haga despertar de la pesadilla
neoliberal en la que estamos viviendo.
Yo creo que el Orgullo debería
convertirse en una ocasión para que las personas queer empiecen a poner en
escena sus propios Orgullos sin el apoyo económico de las corporaciones ni del
capitalismo gay, pero con una consciencia crítica de la relación que tiene la
política económica y el racismo con la devastación de nuestras vidas.
Actualmente en Chicago, de momento, tenemos una marcha alternativa de “areperas”
(dykes), pero se convirtió, a lo largo de la década, en un evento
predominantemente blanco y de clase media. Aun cuando se cambiaron los espacios
(Primero del lado predominantemente Latino, luego al lado sur Afro-americano)
hay un gran acuerdo para hablar de políticas alternativas, pero no mucha
conversación consciente sobre lo que significa, esencialmente, establecer una
marcha “arepera” en estas comunidades y el no muy explícito vínculo que se
quiere realizar con las personas, incluyendo a las personas queer, que viven
allí. A pesar de que una vez al año “nos tomamos las calles” esto no es
suficiente, no sólo se trata de cumplir con una institucionalización de las
luchas que han querido montar los gays y las lesbianas dominantes, las luchas
así vistas corren el riesgo de desaparecer. He estado en la marcha “arepera”
alternativa tres veces en los últimos cuatro años, y puedo ver su valor como un
tipo de espacio y red de lucha anual como herramienta para gente queer con
políticas alternativas, pero me gustaría arrojar la pretensión de que cambiando
el escenario urbano se hacen apuestas “alternativas”, es mucho más que marchar
desde otros puntos de la ciudad, si no hay política de oposición al régimen
capitalista, heterosexual y racista, repetiremos el mismo Orgullo vacío en el
norte, el sur, el oeste o en donde sea.
También me gustaría ver cada mes (en
la medida de lo posible) conjuntos de eventos radicales y acciones que
cuestionen la lealtad gay y lesbiana al Complejo Industrial de Prisiones y al
capitalismo mientras criticamos nuestra obsesión con la identidad como un
marcador de libertad. Al pasar de los años, he visto a gays, lesbianas y
algunas personas trans darle su apoyo a las instituciones que encarcelan a los
más vulnerables entre nosotros, conformando alianzas con el estado para aumentar
penas en los casos de “crímenes de odio” o al ser ciegos y moralistas respecto
de las personas queer que desempeñan trabajo sexual y son brutalmente
castigadas por la policía. Me gustaría ver más que una conversación explícita
acerca de cómo el Complejo Industrial de las Prisiones no sólo castiga a las
personas trans y queer, sino que actualmente requiere de su cooperación para
poder expandirse. Y sí, me gustaría que pensáramos sobre esto en términos de
capitalismo y su retórica de derechos, que abrazamos con facilidad. Notaran que
no señalo de manera simple a los gays y a las lesbianas como si fueran estos el
problema; creo que muchas personas auto-identificadas como “radicales”
concurren en la idea de que, en algún sentido, clamar por una postura “queerness”
como una identidad en sí misma es un acto radical. Lo importante es cómo ese
acto radical de construir identidades de resistencia se desvanecen cuando no se
realiza una lectura crítica del actual contexto racista, neoliberal y asimilado,
en el cual muchas personas LGBT están encontrando eco no para transformar su
opresión, sino para acomodar sus traseros en el regazo de un estado straight
que por generaciones ha sido su principal verdugo.
Ralowe Ampu:
En los
últimos años donde sea que haya escuchado hablar sobre el recuerdo de los
disturbios de la Cafeteria Compton o el Stonewall de personas valientes que
buscaban “respeto”, “decencia” y “honor” en sus luchas, me detengo y escucho
con la mayor de las sospechas. Que yo sepa, los disturbios no existen en el
reino de la respetabilidad. Mi respuesta inicial es que la única forma ética de
recordar el Stonewall es con otro disturbio. Hay una idea interesante. Esa idea
descansa sobre una memoria política que usa ritmos convenientes que pueden
renovar y empapar las luchas, desde otros términos de relevancia que no sean
cooptados por la ganancia. Hay una lógica que fetichiza y glamouriza los momentos
de insurgencia del Stonewall para el beneficio de sus propias agendas
asimilacionistas. No estoy segura del por qué estoy tratando de conciliar mi
rabia aquí. Estoy harta de esas celebraciones que ponen en pie de lucha una
mirada utilitarista de demanda de derechos, bajo una retórica acomodada que
pone nuestros legados de oposición al estado dentro de una lógica
institucionalizada. Imponer esta lógica institucional implica controlar nuestra
memoria, implica desconocer que los levantamientos del Stonewall fueron luchas
de los sometidos por tratar de abrirse un espacio para sí mismos en un contexto
de desesperanza y violencia. Yasmin acierta correctamente, la asimilación de la
maquinaria dominante gay se ha encargado de reducir estas conmemoraciones en
temas de obtención de dinero para la nueva burocracia LGBT y en otros asuntos
oportunistas que distorsionan el sentido histórico de los levantamientos. De
ahí el mainstream LGBT busca capitalizarse en “decentes” campañas, decentes y condescendientes
campañas a favor del matrimonio gay y la inclusión de lesbianas y gays en el
ejército, esto, sin duda alguna, es ideológicamente incongruente, y si me
perdonas, profanamente vendido. Sin embargo, es en estos tiempos en los que nos
toca vivir.
Aquellas de nosotras que nos
encontramos desmarcadas por el mainstream gay no tenemos la capacidad de
representar el Stonewall como una batalla en contra del poder policial porque
el mainstream gay reproduce las narrativas hegemónicas del estado. Tú y yo
podríamos juntas hacer unos fanzines, botarlos, pegarlos en la ciudad o lo que
sea quejándonos por la usurpación neoliberal de nuestras memorias, pero aun
así, por el mismo hecho de estar desenmarcadas, nuestros actos recibirían poca
atención de los medios de comunicación a nivel global. Este “aniversario” no
merece algo menos. Así como el tiempo pasa deberíamos estar pensando profunda y
críticamente sobre las implicaciones que este disturbio generó en la
desestabilización del estatus quo. Preservar esa memoria radical es lo que se
merece este “aniversario”. De ahí que crea que aquellas de nosotras que estamos
marginalizadas debamos seguir pensando en intervenciones radicales. ¿Cómo serán
estas? Se hace crítico recuperar nuestra fuerza de travestis, de raras, de
queers, de lesbianas, de gente de color y soñar con la transformación porque es
la mejor forma de conmemorar Stonewall sin caer en el engaño de que esta fue
una lucha a favor del “progreso”, los derechos y el picado de ojo de este
estado represor.
martes, 10 de abril de 2012
Declaración Travestis Feministas, XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe
Texto leído por Lohana Berkins en la plenaria final del XI Encuentro Feminista de Latinoamericano y El Caribe. México D.F. Marzo de 2009
Estimadas Compañeras
Las travestis, transgéneros, transexuales y mujeres que tenemos la dicha de compartir este espacio con todas celebramos la realización de este evento y sobre todo celebramos la presencia de todos los feminismos y todas las feministas,}
No somos ni nos consideramos nuevos sujetos o nuevas sujetas del feminismo. Somos diversas travestis, transexuales, transgéneros, muxes, mujeres, vestidas, parecidas, colitas y los miles de nombres distintos que toman nuestras identidades, Estamos aquí porque como todas la presentes, somos feministas cada una a su modo y gusto.
También somos lucha, resistencia, nombres propios, somos cuerpos y pasiones feministas enfrentando al sistema patriarcal que nos oprime a veces de manera idéntica y otras veces de manera diferente a como oprime a cada persona, sujeta o sujeto que no encaja en sus parámetros normativos de privilegio.
Levantamos todas las banderas de nuestras luchas: por la despenalización del aborto, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros placeres, sobre nuestras sexualidades, sobre nuestras historias, sobre nuestras identidades.
Condenamos la trata y la explotación infantil, somos personas que el patriarcado pone en situación de prostitución, pero que no aceptamos la prostitución como un destino, exigiendo que se nos reconozca como fuerza productora de trabajo.
Somos feministas de la diferencia y también de la igualdad, feministas de la autonomía. Autonomía de los poderes para decidir sobre nuestros propios cuerpos, a transformarlos, a travestirlos.
Somos lesbianas, heterosexuales, travestis, transexuales, bisexuales, transgéneros, intersex. Somos las que nos enfrentamos al patriarcado todos los días en todos nuestros actos.
Somos negras, indígenas, mujeres judías y palestinas, somos putas, somos pobres, campesinas, somos jóvenes, somos viejas, somos feministas de todos los colores existentes
Rechazamos la criminalidad de nuestras identidades a través de leyes represivas, códigos contravencionales, códigos de faltas o cualquier otra ley basada en pretendida moral y las buenas costumbres,.
Rechazamos todos los fundamentalismos aun los propios que sostienen el biologicismo como un destino e invitamos a desdibujar los márgenes de los cuerpos, las subjetividades. Los deseos.
Exigimos que se reconozca nuestra historia y nuestro activismo, contra todas las opresiones, no solo por quienes nos oprimen sino entre quienes son compañeras de lucha. Exigimos también estados laicos porque entendemos que sin la injerencia de la religión muchas opresiones dejarían de existir.
Exigimos derecho a la educación, a la salud, a la vivienda para todas nosotras como un derecho humano inalienable, porque defender los derechos humanos de mujeres travestis, transexuales, lesbianas, vestidas, colitas y tantas más, es defender los derechos humanos.
Celebramos la presencia en este encuentro de las artistas y en especial de las cabareteras porque creemos que el humor y la irreverencia son profundamente feministas.
martes, 3 de abril de 2012
Monstruosa..
Últimamente el "amor" como un tema de interés político y cultural se ha adueñado de mis reflexiones más profundas y de mis sensaciones humanas más desgarradas. ¿Por qué siento que soy tan monstruosx? ¿Por qué siento que todo se fue al abismo en el momento en el que me dejaron de "amar"? ¿Por qué, aún cuando tengo tanta teoría feminista en la cabeza no logro deconstruir ese sistema amoroso opresor, capitalista y generador de dependencias que tantas mujeres a lo largo de la historia han denunciado? Quisiera poder recuperarme por completo, recuperarme a mí misma y no perder más el tiempo buscando más allá de mi mismx, por ahora quiero llorar.. Prometo volver sobre el tema del amor y su matriz dominocéntrica, antes debo cerrar heridas...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





