martes, 10 de abril de 2012

Declaración Travestis Feministas, XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe



Texto leído por Lohana Berkins en la plenaria final del XI Encuentro Feminista de Latinoamericano y El Caribe. México D.F. Marzo de 2009

Estimadas Compañeras

Las travestis, transgéneros, transexuales y mujeres que tenemos la dicha de compartir este espacio con todas celebramos la realización de este evento y sobre todo celebramos la presencia de todos los feminismos y todas las feministas,}

No somos ni nos consideramos nuevos sujetos o nuevas sujetas del feminismo. Somos diversas travestis, transexuales, transgéneros, muxes, mujeres, vestidas, parecidas, colitas y los miles de nombres distintos que toman nuestras identidades, Estamos aquí porque como todas la presentes, somos feministas cada una a su modo y gusto.

También somos lucha, resistencia, nombres propios, somos cuerpos y pasiones feministas enfrentando al sistema patriarcal que nos oprime a veces de manera idéntica y otras veces de manera diferente a como oprime a cada persona, sujeta o sujeto que no encaja en sus parámetros normativos de privilegio.

Levantamos todas las banderas de nuestras luchas: por la despenalización del aborto, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros placeres, sobre nuestras sexualidades, sobre nuestras historias, sobre nuestras identidades.

Condenamos la trata y la explotación infantil, somos personas que el patriarcado pone en situación de prostitución, pero que no aceptamos la prostitución como un destino, exigiendo que se nos reconozca como fuerza productora de trabajo.

Somos feministas de la diferencia y también de la igualdad, feministas de la autonomía. Autonomía de los poderes para decidir sobre nuestros propios cuerpos, a transformarlos, a travestirlos.

Somos lesbianas, heterosexuales, travestis, transexuales, bisexuales, transgéneros, intersex. Somos las que nos enfrentamos al patriarcado todos los días en todos nuestros actos.

Somos negras, indígenas, mujeres judías y palestinas, somos putas, somos pobres, campesinas, somos jóvenes, somos viejas, somos feministas de todos los colores existentes

Rechazamos la criminalidad de nuestras identidades a través de leyes represivas, códigos contravencionales, códigos de faltas o cualquier otra ley basada en pretendida moral y las buenas costumbres,.

Rechazamos todos los fundamentalismos aun los propios que sostienen el biologicismo como un destino e invitamos a desdibujar los márgenes de los cuerpos, las subjetividades. Los deseos.

Exigimos que se reconozca nuestra historia y nuestro activismo, contra todas las opresiones, no solo por quienes nos oprimen sino entre quienes son compañeras de lucha. Exigimos también estados laicos porque entendemos que sin la injerencia de la religión muchas opresiones dejarían de existir.

Exigimos derecho a la educación, a la salud, a la vivienda para todas nosotras como un derecho humano inalienable, porque defender los derechos humanos de mujeres travestis, transexuales, lesbianas, vestidas, colitas y tantas más, es defender los derechos humanos.

Celebramos la presencia en este encuentro de las artistas y en especial de las cabareteras porque creemos que el humor y la irreverencia son profundamente feministas.

martes, 3 de abril de 2012

Monstruosa..

Últimamente el "amor" como un tema de interés político y cultural se ha adueñado de mis reflexiones más profundas y de mis sensaciones humanas más desgarradas. ¿Por qué siento que soy tan monstruosx? ¿Por qué siento que todo se fue al abismo en el momento en el que me dejaron de "amar"? ¿Por qué, aún cuando tengo tanta teoría feminista en la cabeza no logro deconstruir ese sistema amoroso opresor, capitalista y generador de dependencias que tantas mujeres a lo largo de la historia han denunciado? Quisiera poder recuperarme por completo, recuperarme a mí misma y no perder más el tiempo buscando más allá de mi mismx, por ahora quiero llorar.. Prometo volver sobre el tema del amor y su matriz dominocéntrica, antes debo cerrar heridas...


jueves, 16 de febrero de 2012

ME CAGO EN BOGOTRANS!


Los cuerpos de las mujeres Trans son cuerpos ligados violentamente al espectáculo, a la visión vigilante y alienante, cuerpos ligados a la mirada autorizada de la toda poderosa hegemonía heterosexual. Nuestros cuerpos son observados y examinados por el poder médico, violados por el garrote de la policía, prohibidos por nuestras familias, ignorados y enseñados como desviación en los colegios, satanizados por la iglesia; nuestros cuerpos son mirados con lascivia en las frías noches de las calles y vapuleados hasta la muerte en los días más soleados. Nuestros cuerpos son el depósito de la burla, la exhibición, el sexo y la muerte. No merecemos respeto. Llego a esta horrible –y no nueva- conclusión luego de venir de “Bogotrans”, un espacio en el que desde hace un tiempo se vienen presentando y venerando imágenes normalizadas y adecuadas de las mujeres Trans, listas para excitar el capitalismo consumista de lo exótico, lo “multicultural”, lo “otro”.

Nunca se puede ser ingenua cuando una empresa con fines lucrativos, negocio o industria, habla de cuerpos estigmatizados y periféricos para “incluirlos” y brindarles “oportunidades”. No pensar en los réditos económicos y simbólicos que se derivan de devorar al “otro”, implica ser tan ingenua como creer que una discriminación estructural e histórica va a desaparecer y generar dignidad de un momento a otro, por el simple hecho de mostrar tu cuerpo en una pasarela…. La industria de la moda se ha caracterizado por modificar los patrones, las disposiciones y las formas de apreciación de los cuerpos y su indumentaria como principal objetivo; terreno que se ha fertilizado con la incorporación de lo “exótico” para multiplicar las ventas, generar nuevos “looks” y ganar millones de dólares [Recordemos cómo la industria de la moda cooptó en los 70 los significados del peinado afro y también la subcultura punk].

Casualmente en Bogotrans, un evento organizado en el marco de la Semana Internacional de la Moda de Bogotá, organiza todo un “show”, sí un “show” al mejor estilo de circo de pueblo donde se exhibe lo raro, lo Otro, como lo vendible, lo excitable, lo productor de incertidumbre. La moda y su discurso barato de “inclusión” sólo busca hacernos pensar que las inequidades económicas y las puertas cerradas al mercado laboral, se abren repentinamente  para las Trans y se aseguran abiertas para siempre, por ser evidenciadas como muñequitas anoréxicas y “bien puestesitas”, sonriendo y caminando en elevados tacones, frente a tarúpidos-espectadores, que quieren ver “hombres disfrazados de mujer ”.

Me carga que sean estos espacios de voces privilegiadas los que vengan a presentarse como salvadores de “pobres mujeres oprimidas”. Odio que sean los señores capitalistas que cargados de “buenas intenciones” nos hablen de oportunidades de reconocimiento y trabajo, cuando fuera del mundo de las pasarelas y los diseños de moda nos morimos de hambre, violencia y dolor. Son miles los cuerpos Trans que no tenemos acceso a la ciudadanía, ni a un empleo digno, a menos que seas “bonita”, “barbie”, con un alto capital económico y cultural y sepas caminar y quedarte callada como una tumba en medio de una pasarela circense. Algunxs me reprocharan que su sueño Trans es devenir “muy mujer”, ser una modelo, una princesa y demás, afirmo que defenderé a placer cualquier síntoma de expresión y lucha por alcanzar la autonomía corporal y la auto-designación de género, pero lo que no puedo defender es que se aplauda y se ensalce el modelaje, la pasarela y el mercado explotador de cuerpos de la moda, como la panacea de la redistribución económica y la restitución histórica de derechos para las mujeres Trans. Lo que vi fue un continuum entre los circos, como institución creada para la administración de los cuerpos anormalizados del siglo XIX y las nuevas pasarelas de moda para travestis y transexuales del capitalismo ornamental contemporáneo. Seguimos siendo ese pedazo de carne raro que produce beneficios económicos para presuntos “salvadores”, que quieren lucrarse con nuestros cuerpos realizando actos de beneficencia o como lo llama el discurso neoliberal, de “inclusión”. Me cago podridamente en esto!

Quisiera que en vez de tanta pasarela, tanto discurso meloso y arrimado, se hable, como lo hizo el profesor Salvador Vidal, invitado al encuentro “académico” del Bogotrans, de una subversión en los significados del trabajo: Las mujeres Trans no sólo están en la prostitución y la peluquería como principal medio laboral por efectos de marginación del hetero-patriarcado y el capitalismo tardío, también son espacios de posibilidad para afirmar cuerpos propios y cimarronajes identitarios hacia el género deseado. El capitalismo multicultural ha emprendido una campaña “civilizatoria” contra las mujeres Trans: nos quieren “putas”, nos quieren “peluqueras”, nos quieren “muertas”…  pero también  nos quieren “productivas y explotables”, nos quieren “dóciles”, “bellas”, “hiper-mujeres”, consumibles para el espectador voyeur, vendibles para los mass media, normalizadas para la opinión pública. Nuestras historias de opresión e injustica se van a la basura del olvido cuando le apostamos a tragarnos por completo las promesas de “inclusión” del amo. Nuestros cuerpos-manifiesto de trangresión y rebeldía contra el sistema sexo/género, están siendo convertidos en la pasarela violentada por la cual desfila la inmoral desfachatez  del capitalismo hetero.

Las mujeres Trans no necesitamos que nos incluyan en un nuevo target de mercado, ni que se interesen en convertirnos en objeto publicitario para fabricarnos en consumidoras y luego sí en ciudadanas. No se trata de inclusiones, de oportunidades laborales en nichos feminizados y por lo tanto subordinados, ni tampoco se trata de obtener “visibilidad” en la sociedad bajo su óptica exotizante y consumista. Sueño con que nuestro desafío corporal a las estructuras del género, el sexo y la sexualidad, hagan estallar el heteropatriarcado y no que nuestros cuerpos hagan estallar de risa al mundo del espectáculo. Sueño que los desfiles los construyamos desde el placer de nuestros cuerpos y no desde la “salvación moralizada” que busca borrarnos la mácula de “puta”. Sueño que las pasarelas nos lleven a desfilar como las reinas bellas y regias que somos en contra de todo modelo opresivo de feminidad y masculinidad, no hemos arriesgado el culo y el pellejo en esta sociedad de machos-fachos para quedarnos cómodamente recluidas en la categoría esclava de “mujer”, no! Sueño que podamos exhibir nuestros cuerpos para reclamar una sociedad más justa, sin explotación capitalista y sin ciudadanías restrictivas. Sueño que nos pensemos la posibilidad de desfilar y hacer pasarela hacia las cárceles, donde miles de amigas y compañeras Trans son criminalizadas y echadas a la basura porque son pobres, racializadas, patologizadas y odiadas. Sueño que nuestra atención no se enfoque en las luces fantásticas y deslumbrantes de las pasarelas de la moda, sino que nuestros ojos miren hacia el hoyo negro en el que nos han depositado, para encontrar una luz que algún día nos permita ser lo que queramos!

lunes, 3 de octubre de 2011

"LOQUITA DE PIEL CANELA": MICROHISTORIA DE UN PUTO DESDE EL ENCIERRO CARCELARIO



A sus 15 años de edad Kike incursionó en el mundo de la prostitución masculina, salió de casa buscando un mejor horizonte, lejos de los maltratos familiares. Fue en el 2004 que empezó a tener sexo con hombres por dinero, el mismo año en que abandonó la escuela cuando cursaba 5° de primaria. Escuchó de sus compañeros de colegio que en el Terraza Pasteur, en el centro de Bogotá, los “niños” eran bien cotizados por los “viejos morbosos”, allá “trabajando con el cuerpo”, podría hacerle el quite a la pobreza, al hambre y la soledad, ganando algún dinero, “dando culo al hombre por plata”. Se paraba en las columnas de este célebre centro comercial capitalino, a la espera de un cliente advenedizo que se dejara seducir por sus encantos infantiles. Su rostro de niño representaba un tesoro para los clientes de la zona, un tesoro incierto, tímido, la última carta de supervivencia. Esperar en las esquinas a que caiga algún cliente no es tarea fácil, a veces solo quedaba aguantar hambre o dormir en una que otra banca. Era la lucha cotidiana, la desesperación consuetudinaria por hacer los 10.000$ de la pieza del hotel, del pucho de marihuana o el cachito de bazuco; difíciles jornadas de trabajo, donde su “culito tierno de niño”, era la única forma de agarrarse a la vida en las necróticas y turbulentas calles de la ciudad.  

Todo tipo de clientes llegaban al Terraza, hombres viejos, algunos con plata, otros vaciados, algunos jóvenes y simpáticos, otros “viciosos” y aprovechados. Todos buscando un “polvo”, buscando “saciar la pasión y la arrechera”. Los abusivos, dice Kike, pagaban mal o simplemente se acostaban con él y no pagaban, a todo le hacía, lo importante era tener plata para comer. Lo peor que puede sucederle a un puto es que se enamore de su cliente… Durante un tiempo Kike recibió la ayuda de la fundación “Renacer”, institución encargada de proteger a los niños víctimas de la explotación sexual, allá le enseñaban a tener “sexo seguro y protegerse” y le advertían a lxs niñxs que esa vida “no es buena”, pero las soluciones materiales nunca llegaban.

La calle no era más que violencia, la policía y los transeúntes odiosos molestaban, agredían e insultaban a los putos del Terraza, Kike los cataloga como “homofóbicos”, no dejaban trabajar, no permitían pararse en las esquinas, injusticias diarias “porque uno no tiene más donde pararse es lo único que le puede dar a uno el pan de cada día”. Encaletado en su chaqueta Kike guardaba un cuchillo para defenderse, los clientes, en ocasiones lo golpeaban, no pagaban por las horas de  placer. Robarlos o “cargárselos” aseguraba la pasta para la reproducción de la vida. No todo era oscuro, algunos clientes eran “regios, muy buena gente, me proponían que me fuera a vivir con ellos”, eran cariñosos, complacientes y daban buenas propinas, pero siempre eran “viejos morbosos”. No recuerda bien como fue el primer día en esta actividad, sólo sabe que se sintió mal por “dar cuerpo a otro sin conocerlo por la plata”. Todos los días trabajaba, los riesgos de ser cogido por la policía eran constantes. Dice que este trabajo se caracteriza por ser “solitario”, hecho que se expresa en cuanto nadie de sus amigos “locas” lo han ido a visitar a la cárcel desde que está allí. Trabajar en la calle es pararse “junto a personas envidiosas y llenas de conflictos”, sus compañeras de la calle eran “niñas, travestis y puticas del centro.”, algunos también han estado en la cárcel.

Kike cree que “putear” no es un trabajo, es la “vida fácil, plata maldita”, esa plata se le iba en droga y rumba, a veces lograba sacar diariamente 100.000$ acostándose con 5 clientes, pero eso “no es vida pa’ ninguno” . Un día mientras esperaba en el Terraza con la pinta puesta para trabajar y ansioso por levantar algún cliente, Kike fue objeto de una agresión homofóbica, unos hombres que pasaban por ahí le gritaban “loca hijueputa lo vamos a matar”, le propinaron una terrible golpiza, le apuñalaron, le rompieron la boca y le quitaron algunos dientes, quedó destrozado y ensangrentado, cuando llegó la policía lo culparon a él por andar puteando y tener antecedentes como ladrón, total impunidad con sus agresores. Kike con tristeza exclama que “jamás volví a reír tranquilo”. Gritó con fuerza en busca de ayuda, salir de “esa vida” era un anhelo esquivo que nunca se escuchó por los oídos de otros, la experiencia subalterna por antonomasia.

Le pregunté a Kike sobre el color de su piel, acerca de las marcas de mestizo que posee y los sentidos que le adjudica a esta identidad etno-racial. De inmediato la asoció con su paso por la prostitución, la piel se convirtió en una forma de recordar y crear memoria. Kike dice tener una piel “muy llamativa”, no la cambiaría por nada, dice que la piel evoca en su cuerpo una “historia de vida dura, fea y buena a la vez”. Recién llegado al universo de la prostitución tuvo una temporada de importante éxito, en una ocasión obtuvo de un solo polvo 300.000$ Con este dinero se proveyó de alimento, techo y vestido, estaba satisfecho y no quería acostarse, por ese día, con otros clientes. Un hombre joven, lindísimo, montado en un carro último modelo pasó por el Terraza, era un carro color blanco, se estacionó sobre la calle 23 y le preguntó a Kike si quería irse a follar con él. Kike le dijo que se iba con una condición, a saber, que le diera más dinero o el mismo que tenía en ese momento en sus bolsillos, si no, no. El hombre del carro no tenía los 300.000$ que Kike pedía y se fue ofuscado. En aquel instante un compañero de la zona, una loca, le gritó a Kike: “Loca hijueputa es que tiene mucha”, con rabia se dio la vuelta y le replicó a la loca, que si quería que se “regalara” él. Kike lo abofeteó, le rompió la cara y le dejó un ojo negro.

Pasaron dos años de “camas de hotel barato, polvos jartos y cuchos verdes”, ese día en que Kike fue atacado por los “homofóbicos” nadie estuvo ahí para auxiliarlo, esa loca insospechada a la que había golpeado años atrás, en un acto de solidaridad impensado le extendió la mano, le dio 15.000$ para que fuera al hospital y se hiciera curar. Desesperado y con sangre en su rostro llegó hasta Medicina Legal y no lo atendieron, con el dinero, la cara rota y el espíritu molido, Kike se sentó en una olla del centro a fumarse la plata, “me senté en la olla, me puse a fumar bazuco, me puse a fumar y a llorar”. Ese día Kike pensó “hasta aquí llegó mi vida, ya me acabaron lo mejor que tenía ya no me importaba nada más”. Fumó por tres días y lloró por tres días, al despertar del soporífero efecto de la droga llamó a su amiguito la loquita, su nombre era Jhon.

Jhon acogió a Kike, lo llevó a su casa, le dio de comer, lo vistió y curó sus heridas, tanto las del “corazón y las del cuerpo”. Jhon confió en Kike, “me daba hasta 2.000.000 de pesos para que se los consignara al banco y yo le rogaba a dios para que el diablo cochino no me tentara”. Jhon era un joven simpático, alto, de ojos brillantes y “bien montado”, un “putico 100% bonito”. Todo el mundo decía que él y Kike tenían el mismo color de piel, un capital erótico ceñido a la existencia corporal misma. Todo marchó bien, compartieron compañeros, amantes, clientes, sueños, noches de rumba y cocaína. Gracias a la similitud de color de piel, Kike encontró beneficios incalculables con clientes que lo confundían con Jhon y pagaban bien por sus servicios, ese color de piel, dice Kike, “me convirtió en esa loquita de piel canela, como morenita, que se las hacía todas”. La piel habla y en este caso las marcas del mestizaje se convierten en mecanismo para la subsistencia. Kike pareció encontrar un santuario de paz en medio de la violenta y precaria vida de la calle. Una noche Jhon no volvió a casa, pasaron las horas y no apareció, lo hallaron muerto, tenía dos tiros, uno le atravesó la mano, el otro el corazón. Dicen que lo mataron unos “manes que hacían limpieza social”      

Llorando junto al cuerpo fallecido de Jhon, Kike le ofreció disculpas por haberlo golpeado una vez y le agradeció amorosamente por haberle dado ayuda, fue el único que se la dio. “Se lo agradezco con el corazón, nunca lo olvido y la verdad nunca lo olvidaré”, su recuerdo lo lleva en la piel, un recuerdo que duele y señala la ausencia de esperanza. Cuando Kike salga de la cárcel piensa en ir a Barranquilla de donde era oriundo Jhon y donde fue enterrado, “quiero ir a saludarlo, sentarme a llorar un rato con él, llorar en su tumba, pagarle una misa y entregarme a él cuando salga, mi único amigo”.

La última vez que hablé con Kike le llevé una ropa que le conseguí. No era la mejor ropa pero estaba en buen estado, hablamos y me dijo que necesitaba más ayuda, estaba quedándose en casa de un familiar pero tenía que salir pronto de allí. Se sale de la cárcel pero ella nunca sale de tu cuerpo. El sujeto es cargado con el estigma de la criminalización, con la marca de lo abyecto. Sólo en un par de días Kike regresa al Terraza buscando y vendiendo placeres trashumantes, seguramente con dolor y nostalgia por regresar a esa vida azarosa y aciaga que la cárcel no logró “corregir”. Un día lo llamo a casa de su prima y me entero que Kike yace de nuevo, en tan sólo 15 días de supuesta libertad, encerrado en un calabozo de la UPJ. 

domingo, 12 de junio de 2011

Disidencia sexual: A tomarnos la marcha LGBT este 26 de Junio!!



http://www.facebook.com/event.php?eid=223337461017859






El próximo 26 de Junio saldremos una vez más a las calles a denunciar el opresivo régimen heterosexual que ha fundamentado la ficción de la nación colombiana. Para muchas disidentes sexo-génericas tomarnos las calles en el marco de la “Marcha por la ciudadanía plena de las personas LGBT”, representa un acto de desafío y cuestionamiento a las categorías excluyentes y normalizantes de “ciudadanía”, “familia”, “sociedad” y “derechos”.
Este año, por decisión de los/as organizadores de la marcha, el tema central de la misma será el reconocimiento de la “diversidad de las familias”, “sus mil colores” y la exigencia del matrimonio igualitario.

Para muchas de nosotras, maricas, areperas, trans, marginadas, trabajadoras precarias, negras, mestizas y portadoras de VIH, es comprensible que un sector del movimiento LGBT quiera “unificar” las voces de esta manifestación, a favor del reconocimiento legal del matrimonio de personas del mismo “sexo”, como mecanismo de supervivencia y de acceso a derechos de bienestar social fundamentales; derechos que se supone debería garantizar el estado colombiano.

Muchas de nosotras reconocemos el carácter estratégico de estas luchas y consideramos que el logro del “matrimonio igualitario” es un importante paso para los objetivos del movimiento. Sin embargo, aunque el matrimonio y el reconocimiento de las uniones gay y lésbicas son una importante ganancia a nivel práctico para muchos activistas, para acceder a derechos, siguen situándose en la lógica de la heterosexualidad y continúan reforzando la naturalización y el privilegio del vínculo económico y social del matrimonio.

Nos oponemos a que el Estado ordene nuestras relaciones sexuales. Nos oponemos a que unas formas particulares (matrimonio) de convivencia sexual y erótica, se manifiesten como legítimas en detrimento de otros modos de sexualidad. Nos oponemos a la lógica del matrimonio como mecanismo regulador para el acceso a derechos de las personas estigmatizadas por sus identidades sexuales y de género no normativas. Nos oponemos a la monogamia gay-lésbica como fundamento del matrimonio igualitario, y como acuerdo obligado para acceder a derechos ciudadanos. Nos oponemos al llamamiento de “consensos” y discursos unívocos para convocarnos a la marcha; no tenemos los mismos intereses y creemos que se privilegian las voces de aquellos gays y lesbianas blanco-mestizos de clases medias y sus problemáticas, en desmedro de las exigencias de redistribución económica, reconocimiento y dignidad para las personas Trans, la exclusión de las personas LGBT empobrecidas por el capitalismo, el racismo y la guerra.

Nos sumamos a un cuestionamiento activo, paródico, lúdico y subversivo del régimen heterosexual. No queremos inclusión acrítica en las leyes y derechos de un Estado capitalista, misógino, racista y mortífero. No celebramos la “diversidad” ni “nuestros mil colores” sin tener en cuenta que la marca de “diversos”, es el producto de un proceso violento de exclusión y normalización de la hegemonía heterosexual. Saldremos a marchar para denunciar estos discursos multiculturalistas, que en su afán de “inclusión” e “igualdad”, se asimilan, se convierten en ornamentos del poder dominante (hetero-blanco-capitalista-militarista), sin cuestionar las mismas normas que los excluyen.

En ese sentido, hacemos un llamado divergente a la construcción múltiple y creativa de nuevas formas de placer, sexualidad, de encuentros eróticos no dominantes, no racializados, no “familiarizados”, no generizados, no monogámicos, no estatizados, con el fin de descolonizarnos de los discursos totalizantes que nos quieren imponer formas “respetables” y “normalizadas” de acceder a derechos. Todos los cuerpos marginados y estigmatizados por sus prácticas sexuales no normativas y sus identidades de género discordantes, tenemos la misma posibilidad de existir como sujetos válidos, sin restricciones, violencias ni injurias. No queremos tener que “casarnos” para ser cobijados/as por el manto de la inteligibilidad y el respeto de la sociedad. Consideramos que “[…] si hay una institución que apalanque la heterosexualidad como régimen político, esa es el matrimonio. En este punto no importa necesariamente el sexo de los contrayentes pues el modelo heterosexual es reafirmado.” [Cf. Ochy Curiel]

A tomarnos La Marcha por la “ciudadanía” LGBT este próximo 26 de Junio!!! A inventarnos desde la rebelión y la disidencia sexual nuestros propios cuerpos, sexualidades y devenires políticos. Encontrémonos este martes 14 de junio en la Universidad Nacional de Colombia a las 2pm en la entrada del Edificio de Sociología para discutir propuestas, traer ideas y organizarnos como manada furiosa ante el hetero-capitalismo-racista y misógino!!

sábado, 19 de febrero de 2011

martes, 15 de febrero de 2011

Ni odio ni miedo de mi propio coño!!!



Ayer sentí rabia por muchas razones, todas ellas me afectaron de manera tan directa, sentí una puñalada justo en el cráneo, sobre la carne de mis amigas cercanas, sobre mi manada…

La violencia sexual es un mecanismo de dominación y terrorismo que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres, a veces no importan las diferencias de clase, capital educativo, raza/etnia o edad, sexualidad, para ser agredidas, escupidas, mancilladas. Para la cultura patriarcal y heterofálica en la que hemos sido obligadas a vivir, tener un coño es sinónimo de subordinación, ausencia de derechos, disponibilidad sexual y económica, un sujeto que debe ser explotado como corolario “natural”. Los ataques sexuales contra las mujeres, la violación, el hostigamiento y la tortura contra ellas, es algo que sucede a diario y que muy pocas veces se enuncia, se naturaliza y queda en el silencio. La empresa patriarcal heterofálica de dominación sexual, es una empresa totalitaria, agrede, viola y castiga, y luego exige el silencio y la normalización de esta práctica. Me indigna este mierdero ideológico, vivimos en un imperio misógino de terrorismo sexual.

Ayer me dolía escuchar que al ser socialmente fabricadas como “mujeres” y leídas como tal, esto es, como objetos follables y explotables, debemos “acostumbrarnos” a vivir con este estigma de objeto violable, con el cual el patriarcado obtiene todas sus ganancias políticas, económicas y simbólicas. “Sentirse suciamente mujer” porque un cabrón intenta violarnos, porque un hijo de puto se masturba en nuestra cara y nos escupe una sarta de groserías machistas, genera cierta ruptura subjetiva dolorosa y profunda. La violación enuncia la superioridad de los machos sobre las mujeres, el control sobre sus vidas y sus devenires, pero además, es un arma de doble filo, pues luego de ser violada y humillada, pretende que te odies a ti misma, a tu cuerpo y tu coño por haber sido construida en tanto “mujer”, que te quedes callada, que te frustres y te asustes y te conviertas en un sujeto frágil, dócil, bloqueada para salir a la calle, amedrentada para andar sola o cohibida para volver a usar un atuendo sexy y entaconarte para andar orgullosa por la ciudad.

Ayer te intentaron violar y eso me cabrea hasta tener ganas de ir contigo como desquiciadas a cortar y rebanar los penes de todos esos machos cabríos. Pensamos una y otra vez en Virginie Despentes, sobre todo cuando afirma estar furiosa contra la sociedad, pues ha educado a las chicas para que nunca respondan a las agresiones masculinistas y a no enfrentarse violentamente a cualquier perro que intente abrirles las piernas a la fuerza, esa misma sociedad inculca a las mujeres que la violación es un crimen del cual nunca deberán reponerse.

Mi corazón lésbico, para las perras de mi manada, no nos puede ganar la pasividad, ni el silencio, ni el terror, tenemos todo el derecho que nos salga del coño de salir a la calle sin temor, no podemos dar el brazo a torcer ante el terrorismo patriarcal y darles el gusto de salir vestiditas y recatadas por el miedo de ser violadas, debemos romper esa moralidad pacata y esa mentalidad masculinista que muchas mujeres comparten de que “si nos violaron o nos agredieron fue por nuestra culpa”.

Desde el feminismo he aprendido que ese odio que el heteropatriarcado fomenta contra nosotras mismas por ser asignadas o haber decidido “ser mujeres”, debe ser depurado de nuestros cuerpos, nuestros sentimientos e imaginarios. Jamás podremos dejar en manos de los machos la definición de nuestros cuerpos e identidades. “Soy mi propia mujer” es una slogan hermoso, pues pone el acento en la autocreación, en la producción autónoma de un sujeto mujer que no es sumiso ante el terrorismo sexual masculinista, ni busca ser la dulce damita dócil, ni la madre abnegada ni la esclava sexual. La violencia sexual, la violación nos dictan que debemos sentirnos “sucias por ser mujeres”, nada de esto, no podemos ser esa “mujer-objeto” que ellos desean. Dejarnos clavar ese odio propio, ese miedo sobre nuestros propios coños, es una de las bases del poder hetero-patriarcal. No tenemos miedo!!!! GRRRRRRRRR. Parafraseando a Liliana Felipe:

Que tiemblen porque no tenemos miedo de disfrutar de nuestros cuerpos, de afirmarnos como sujetos soberanos sobre nuestra entrepierna y nuestras emociones, pensamientos y orgasmos. La clave es esa, no temer a su terrorismo absurdo de supremacía y violencia, a su política de olvido y ocultamiento de sus violencias masculinistas. Re-recordar planteaba la feminista radical Diana Russell, una política de reconciliación con nosotras mismas y de activismo político contra la imposición de la memoria de los dominantes: “Tales recuerdos y denuncias son el trabajo que tiene que hacer todo el movimiento feminista para enfrentar la violencia contra las mujeres: desobedecer la orden de los padres de olvidar, negar y mantener silencio; por el contrario, hay que entregar a los padres abusivos, a los esposos, hermanos, los amantes, los hijos, desconocidos y amigos…..

Recontar y reconocer nuestras historias de opresión, recordar el horror pero de una forma en que la memoria no sea destructiva, una memoria de oposición que nos permita enfrentar el horror para salvarnos y crear nuevos horizontes no patriarcales...

PD: Que se atenga un dizque profesor de “Hominización” del departamento de Antropología, protesta Transfeminista contra su godarria machista. Algunas de sus frases en clase: "A las mujeres les gusta que les den duro", "Es terrible tener una jefe mujer", "Las mujeres no completan los tres procesos de pensamiento -ver, mirar y observar-, ya que no pasan del primer nivel emocional e incosnciente"! ¿QUÉ ES ESTA BASURA?...Manifestación Feminista YA!